El Fantasma de Ángel González

Paseando un día por el parque, Ángel González iba con su prometida de la mano hasta que un grupo criminal de sangre fría lo mató. Herido en el suelo vio el peor ultraje hacia su amada mientras perdía la sangre y finalmente moría.

Las manchas de sangre de Ángel González nunca fueron limpiadas del pasto, donde más tarde creció una excéntrica vegetación que nadie tomó en cuenta pues era una parte poco frecuentada del parque.

La poca afluencia de gente volvió al sitio ideal para el grupo criminal quien siguió con actos ilícitos totalmente impunes. Más parejas eran separadas trágicamente.

De la excéntrica vegetación donde murió Ángel González creció un árbol cuyo tronco antropomórfico asustaba a los visitantes. De noche el árbol parecía un humano que alzaba su mano derecha al cielo.

Menos gente acudió cuando una mañana apareció colgado de esa rama un miembro del grupo criminal que mató a Ángel González. Como no esclarecieron su asesinato, nadie pensó que el fantasma de Ángel González se había vengado.

Los visitantes evitaron para siempre la zona pues día tras días aparecían colgados en ese árbol. El fantasma de Ángel González estaba decidido a desaparecer a cada miembro que lo mató.

Cuando la banda de criminales fue ultimada, el fantasma de Ángel González no se quedó ahí. La gente esperaba que al no haber banda ya no habría colgados, mas no fue así.

Siempre, en algún punto de la ciudad o del país, era asesinado un hombre frente a su pareja y en la gran mayoría de los casos el victimario quedaba impune. El fantasma de Ángel González los reclamaba y colgaba en su rama cada noche.

La policía finalmente puso atención; pero no en los crímenes cometidos a parejas sino en el árbol. Cuando el parque dejó de ser visitado por completo, supieron que era por culpa de un árbol con forma de hombre en cuya rama aparecían colgados.

El fantasma de Ángel González vio su oportunidad de oro. La policía cortó el árbol antropomórfico y fue hecho trozos. Cada trozo tuvo fines distintos: leña, basura, muebles, aserrín y otras cosas más.

En todo sitio donde llegó el árbol, el fantasma de Ángel González expandió su presencia. En vez de un colgado por noche, fueron cientos de asesinos vieron su muerte.

El parque finalmente volvió a tener visitantes y en donde quedaron las huellas sangrientas de Ángel González ninguna banda criminal se ha atrevido atacar nuevamente.